Las bodas de verano son las más numerosas del año. Desbancan con creces a las de otoño, superan a las de invierno y también se ponen por delante en número a las bodas de primavera. La coincidencia de dos factores importantes: buen tiempo y época de vacaciones hace que muchas novias elijan dar el sí quiero en los meses de junio a septiembre.

Pero en este periodo de doce semanas pueden pasar muchas cosas y, por eso, en las siguientes líneas te demostraremos que no todas las bodas de verano tienen por qué ser iguales.

Bodas de verano: casarse en junio

Las bodas de verano que no pueden esperar más se organizan para uno de los días más cercanos a la noche de San Juan. Quizás antes, quizás después, quienes se casan en esta fecha pueden disfrutar de importantes ventajas, como:

  • Temperaturas agradables que pueden incluso llegar a refrescar un poquito a última hora de la tarde. Esto te permite utilizar todos los rincones de la finca que hayas elegido, tanto interiores, como exteriores. ¿Qué te parece organizar la recepción en los jardines y la barra libre en una de las estancias de dentro? Además, igual encuentras la ocasión perfecta para utilizar alguno de esos complementos que tanto te gustan para tu traje de novia.

  • Muchas flores. El impulso de la primavera sigue vivo y eso significa colorido por todas partes. El calor sofocante de los meses más avanzados del verano aún no ha hecho mella en las plantas, que siguen mostrando sus flores. Esto te ofrece el escenario perfecto para el reportaje de bodas, y un marco único para la ceremonia.
  • Oportunidad de ser la primera novia de la temporada en tu círculo de amigos y conocidos. Seguramente, otros habrán elegido fechas posteriores y eso te evita planificar con la presión de encontrar las propuestas más originales que te permitan diferenciarte del resto. Tú marcas tendencia y, por eso, tienes el privilegio de poder diseñar tu gran día a la medida de tus gustos y preferencias.

Un sí quiero en el mes de julio

Julio es un mes perfecto para iniciar una nueva vida. El séptimo de los meses del año es luminoso y está asociado a la diversión. Con estas premisas en mente, se organizan las mejores bodas de verano.

Si te casas en estas fechas te recomendamos que aproveches todas las oportunidades que te brinda un mes en el que:

  • Muchos de tus amigos estarán ya de vacaciones. Es una suerte porque no tendrás que dejar fuera de la lista de invitados ni siquiera a quienes viven más lejos. Todos los que son importantes para ti podrán acompañarte el día de tu sí quiero. Saca partido a una boda de grandes dimensiones y pide al servicio de catering que las mesas sean alargadas, y la inspiración italiana o escandinava.

  • El calor ya se ha instalado. No cabe dudas de que el ben tiempo te acompañará y eso te da la posibilidad de buscar una finca para bodas donde haya agua. La combinación de un día soleado y el brillo de un estanque, un pequeño lago o una fuente será excepcional. ¿Conoces la finca Aal Cachucho?

  • Los días son más largos. Puedes prolongar la degustación del menú en el exterior sin miedo a que se haga de noche antes de que llegue la tarta de bodas. Después, para la barra libre los juegos de luces de discoteca marcarán un antes y un después. ¿Has pensado en brindar con unos cócteles de autor? ¿Y lanzar fuegos artificiales?

Altas temperaturas: protagonistas de las bodas de verano celebradas en agosto

El calor es el denominador común de las bodas de verano que se planean para este mes. Agosto es sinónimo de sol y, por eso, tu planificación tiene que buscar el lado más refrescante de la celebración. Te proponemos que pongas una nota exótica y te dejes llevar por las vibraciones playeras… aunque des el sí quiero en Madrid. Para conseguir el ambiente que buscas:

  • Que no falte la hidratación. Recibe a tus invitados con aguas aromatizadas con limón, menta y fresa. En la hora de los aperitivos dispón un carrito o bici de cervezas bien frías y, para la noche, los cócteles tropicales más buscados, que servirán camareros expertos al ritmo del hula – hula, desde un chiringuito de aire hawaiano. Nadie pensará en esos grados de más.
  • Opta por un menú de bodas más ligero. Tienen que abundar las frutas y vegetales, haber sitio para las cremas frías y los sorbetes y se deben evitar los estofados, guisos y sopas. Los profesionales del servicio de catering que contrates te podrán guiar en tus elecciones y presentarte distintas propuestas, para que elijas la que más vaya contigo.

Septiembre: la última oportunidad para celebrar tu boda de verano

Dentro de este mes, solo tienes las tres primeras semanas para planear tu gran día si quieres que la celebración entre en el grupo de las denominadas bodas de verano. Ten en cuenta que, cuanto más te aproximes al final del mes, más variedad de temáticas de boda puedes escoger, ya que también encajarían inspiraciones otoñales.

Una boda en septiembre cierra la temporada estival y eso significa que bastantes de tus invitados habrán presenciado bastantes ceremonias, probado diferentes tartas de bodas y brindado por muchas parejas de recién casados. Eso significa un reto. Necesitas apostar por la originalidad y desmarcarte de otras novias. Lo conseguirás si:

  • Diseñas un escenario impactante y realmente único para dar el sí quiero. Algunas fincas tienen exteriores de cuento, aunque, con la decoración adecuada, puedes convertir incluso una estancia interior en pura magia.
  • Sorprendes con la propuesta gastronómica. Es un vehículo idóneo para diferenciarte y ofrecer a tus amigos y familiares la ocasión de degustar bocados extraordinarios, preparados con mimo y elaborados a partir de materias primas de primera calidad.

  • Pones el broche de oro con la recena. La puedes alinear con la temática de tu boda; con pop corn o hot dogs si tenía estilo americano; bocadillos de calamares si era una fiesta muy nuestra; chuches, si apuntabas por el flower power o chocolate con churros, si no quieres privarte del dulce más rico.

¿Cuándo te casas? ¿Con cuál de estas bodas de verano te sientes más identificada?